Relato nuevo. Tal vez nadie pueda imaginar lo que puede suceder a alguien en la mitad de la noche en una calle solitaria adonde la complicidad de las estrellas y el murmullo de las sillas de un negocio, luego del chirriar de la reja con el cierre intempestivo que provoca el dueño, y que solo los ruidos por el movimiento de mesas y botellas apenas se sienten entre el grito de otro que alcanza a decir antes del fogonazo y resplandor que deja su estela: - ¡Ud. se muere hoy! Bordeaba la media noche y el cielo estaba estrellado, como en los tiempos que seguramente otros habían estado esperando la noticia de su muerte muchas veces, luego de ser planeada meticulosamente, y esperando impacientes el resultado de una de las últimas afrentas en la que un atracador aparenta un robo, cuando en realidad estaba haciendo un trabajo de sicario. Así sería la continuación de la zaga de una extraña persecución y de hostigamientos de gentes desconocidas y supuestos comerciantes, lo mismo que de apare...
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