-No me diga que “Mis Bellas Genios” existen. y que son como brujas.
- No, le respondió “Conciencia” al comisario. Son esos ancestros que existen desde hace tiempos, y que se consideran como si fueran de “Sangre Azul”, que todavía pelechan en los entornos del poder, a donde los hijos de sus hijos se creen los dueños de todo, y se enamoran de bienes a donde saben que hay mujeres solitarias, alcohólicos que pueden tener alguna posible herencia y…
– Salen a enloquecer a otros tal y como le sucedió a la hija de Víctor Hugo en la vida real, respondió éste.
El comisario Rincón todavía recordaba aquella película que recreaba la historia de la hija del escritor, que fue llevada al cine por un director francés, que recreaba las guerras de Francia en sus colonias o en los territorios de su mismo país, que se enamoró de un alto oficial de aquellos tiempos, y lo persiguió hasta la muerte toda ida de si misma.
- Me parece, dijo Conciencia, que está hablando de “Adela H“.
El comisario Rincón no lo recordaba, pero sí sabía que se enloqueció por amor, tanto que lo persiguió hasta los lugares más lejanos en esas guerras de las que el novelista se basó para escribir sus obras.
- Nuestros imaginarios además de saber enloquecer usan toda clase de artimañas a donde sus familias participan de los enredos para saciar los sueños de casas y de bienes, dijo “Conciencia”.
- No, le respondió “Conciencia” al comisario. Son esos ancestros que existen desde hace tiempos, y que se consideran como si fueran de “Sangre Azul”, que todavía pelechan en los entornos del poder, a donde los hijos de sus hijos se creen los dueños de todo, y se enamoran de bienes a donde saben que hay mujeres solitarias, alcohólicos que pueden tener alguna posible herencia y…
– Salen a enloquecer a otros tal y como le sucedió a la hija de Víctor Hugo en la vida real, respondió éste.
El comisario Rincón todavía recordaba aquella película que recreaba la historia de la hija del escritor, que fue llevada al cine por un director francés, que recreaba las guerras de Francia en sus colonias o en los territorios de su mismo país, que se enamoró de un alto oficial de aquellos tiempos, y lo persiguió hasta la muerte toda ida de si misma.
- Me parece, dijo Conciencia, que está hablando de “Adela H“.
El comisario Rincón no lo recordaba, pero sí sabía que se enloqueció por amor, tanto que lo persiguió hasta los lugares más lejanos en esas guerras de las que el novelista se basó para escribir sus obras.
- Nuestros imaginarios además de saber enloquecer usan toda clase de artimañas a donde sus familias participan de los enredos para saciar los sueños de casas y de bienes, dijo “Conciencia”.
Algo parecido había pasado con los secuestradores de “El Embrujado” en “La Casa Embrujada” a donde llegaron con sus trastos haciendo alboroto, y de quienes este creyó que eran de pura ley, y que podrían ser de los mejores. Al poco tiempo pudo constatar lo contrario. Uno de sus amigos del club de ajedrez Capablanca le propuso en aquellos tiempos el negocio de que se quedara pagando el alquiler de un terreno que había convertido en un garaje de carros, mientras una de sus compañeras más cercanas de estudios en la universidad resultó trabajando con un Aldana en Alamos Norte, adonde se negociaban carros de segunda, y era una hermana de Memín, y de otra que resultó muy cercana al alto gobierno, pero que en aquellos tiempos no encajó dentro de los pensamientos sombríos que querían estos forjar en aquella casa maldita, ya que al poco tiempo comenzaron las persecuciones que fueron desde un secuestro momentáneo en un carro de esos viejos y del cual supo unos pocos años después cuando regresó de Venezuela, Ramos lo colocó casi al frente de la entrada de la casa en que vivía, y en donde todos estos vecinos resultaron siendo sus propios verdugos sicológicos que en comparsa actuaron, y que le hicieron creer que era por su cuenta, sin siquiera captar tal y como se lo dio a entender el comisario Rincón en el país hermano, que eso solo era la punta del iceberg. Estaba marcado por imaginarios secretos desde tiempos inmemoriales.
Sólo una vecina, Lucía, le advirtió que adonde le iban a entregar el manejo de dicho estacionamiento estaba ya listo por parte de un juzgado de una medida de lanzamiento porque el que le arrendaba -aquel ajedrecista- se quería apropiar de un terreno que era del Estado, y adonde se construiría una central policial, cosa que lo hizo desistir sin entender que en torno de todos los amigos que le fueron saliendo de la universidad y del mismo club ajedrecista, eran unas especies de imaginarios falsarios que posiblemente tenían un negocio con él. Ya hacía muchos años que junto con una amigo había sido secuestrado en Bogotá, y llevado a aquel organismo de seguridad de la que tanto hablaron los periódicos hace algunos años, adonde el jefe de aquel organismo detectivesco que lo entrevistó, le hizo creer que era un peligroso político sin ni siquiera haber participado por esos años en algún mitin estudiantil, y a pesar que durante todo ese tiempo estuvo trabajando en una cacharrería de San Victorino. Así entendió que además de haber sido marcado dentro de estos organismos secretos como peligroso, todos los negocios que quiso emprender se desbarataban tal y como le sucedió en el barrio de Las Colinas al sur Bogotá, cuando en una salida que hizo al centro para comprar unas mercancías, a su regreso la pesa que tenía había sido confiscada por autoridades policiales, porque según ellos estaba adulterada, a pesar que era nueva y todavía no llevaba más de un mes de haber sido comprada.
Los años le fueron dando la razón. Aquel socio que tuvo en ese supermercado se lo consiguió uno de los primos paisas cacharreros que lo quería ayudar, pero que en los días en que aquel ajedrecista le propuso sobre el negocio del estacionamiento, vio como el antiguo socio se hizo el desconocido, mientras charlaba muy amigablemente con los mismos vecinos de aquel interior que eran de ley, cosa que con los años y a pesar que el comisario Rincón en el tiempo que estuvo en Venezuela lo alertó sobre el origen de semejantes enredos, y solo cuando lo enloquecieron comprendió que durante toda sus vida habían urdido toda suerte de estratagemas, como si por lo alto del poder existiera un estigma, y estos eran sus comodines.
- Estás loco, le dijo “Río Revueltos”. ¿Acaso quieres contarnos unas sartas de mentiras?
Cuando “El Embrujado” quiso mirar quién era, acabó por comprender que era el mismo del que estaba hablando, mientras de reojo pudo observar a una de aquellas “Bellas Genios” que le salieron mucho antes que comenzará a suceder todos esos percances, mucho antes de los que ahora lo abucheaban por las calles.
A donde iba, otro salía a amenazar. Incluso en aquel barrio que queda cerca de la culebrera del "El Quiroga" le salían en carros y sus conductores le gritaban blasfemias, hasta que “Ojos Azules lo encuelló por la espalda el día que en la madrugada dijo en la casa, que iba a salir muy temprano a comprar unos herrajes para sus fantasías, a sabiendas que siempre cogía por la misma ruta -la avenida 27 con avenida primera- cuando iba a San Vitoco a comprar la mercancía.
Y tal como lo contó insaciablemente en sus historias, otro embolador o lustrabotas, con pinta de yo no fui, desde el otro lado de la avenida se le abalanzó como para que no se quedará en el separador que hay en la mitad de la avenida, y así se devolviera por el susto, a que el grupo de carros que pasaba en ese momento por la autopista del sur lo atropellara.
-Y entonces…¡Zuás! . “Asesinato perfecto”.
Lo mismo que le había sucedido muchas veces, como cuando le mordió el perro los testículos, recién llegado a aquella casa infernal.
- ¿Estás loco, papá? le dijo “Ríos Revueltos”.
Y sin embargo “Mis Bellas Genios” se burlaban. Muchas de ellas lo habían querido, y parecía ser una venganza de estas, hasta que se fracturó la columna vertebral en un accidente a donde quiso matarse todo loco.
Con los años “Mis Bellas Genios” fueron resultando sospechosas. Hablaban tan bonito. Algunas hablaban de sociedades modernas, y otras de lo que podría ser el amor si se comprometía a ser fiel y además ser un buen comerciante, mientras lo querían enredar entre las lenguas viperinas, ya que a toda costa lo querían ver deambulando todo ido se mismo por las calles.
- ¡Blasfemo! Le dijo aquella “Bella Genio” que se ofuscó porque este le dijo que ya sabía que la noche anterior lo habían atracado, y lo habían intentado matar.
- ¡Como se atreve! Le respondió ofuscada.
Y sin embargo, si algo le pasaba en la calle, siempre salía a barrer el callejón, donde muy disimulada y a sabiendas que El Embrujado” estaba haciendo las fantasías para venderlas entre sus clientes. Así fue armando su rompecabezas y todo concluía en un extraño complot de familia y de alto poder, porque como en esas viejas historias en donde todos lo caminos iban a un mismo sitio y los imaginarios de todos los pelambres lo amenazaban, comprobó que además de unas familias muy emperifolladas otros iban haciendo sus sainetes, como para que en las calles lo mataran haciéndole creer que era un perseguido. Muchos tiempo después que anduvo loco “Mis Bellas Genios” se parecían más a otras que hacían alarde de su don para hacer amistades, y también les descubrió sus intereses maquiavélicos en donde sus víctimas…
- ¡Cállate! Le gritó “Mil Muertos”.
- Shiii! Dijo el comisario Rincón.
- ¿Es qué no puedo hablar de “Mis Bellas Genios”? Le preguntó “El Embrujado”.
- Son tantas que…
- Si las paredes tuvieran oídos, entonces ya sabría cuantas veces lo inmolaron en vida, dijo “Conciencia”.
- ¡Zoquete! Le volvió a gritar “Ríos Revueltos”. Ud. ha estado secuestrado.
Era cierto. Al hilar su historia supuso que detrás de ese largo complot podrían existir las famosas “Escrituras de Sion”, aunque podría ser otra cosa.
- ¡Paranoico! Le dijo otra voz.
Era un susurro que ni el mismo viento podía impedir que lo escuchara.
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