Aunque Ud. no lo crea, alguien me quiere matar. Tal
vez no lo entienda, pero esta es una de las que llaman historias sin fin. Han
sido siempre así. Se trata de pasiones bajas en las que intervienen personajes
que uno no cree. Haga de cuenta que son personas comunes y corrientes con las
que trata diariamente. Las ve cuando va a comprar el mercado en cualquier
abasto, en las cafeterías a donde va a tomarse un tinto, o en cualquiera de los
negocios del sector a donde vive. Los ve ejerciendo su oficio como vendedores
de loterías, acomodadores en los supermercados, e incluso familiares en las que
uno no intuye una venganza de familia ni una envidia porque no se tiene la
misma suerte por una casa, por el dinero de una posible herencia, o porque
simplemente se consideran con el poder suficiente para sacarlo de este mundo.
Son personajes extraños, y a veces creo que aviesos. Eso pienso. Pero sucede,
que uno está juzgado como un loco. Un esquizofrénico, un pervertido, o lo peor
de la especie humana. Que, de paso se hayan tenido amigos desde joven que por
tener hermanos siquiatras, además de ser hijos de buena alcurnia, muy
sobresalientes en la sociedad, que conocen todo sobre las nimiedades del origen
de la vida de uno, y quienes con la apariencia de tener ese don de buenas
gentes, van creando y tejiendo toda una serie de conjeturas en las que uno
termina siendo el peor de los canallas. Todos les creen. Y qué decir, si estos
son secretos de Ley, tal y como lo afirmó el comisario Rincón en una de sus
pláticas con “El Embrujado”. Uno piensa que son de los sobresalientes que todo
mundo admira, cuando en realidad son los bribones que andan detrás de algún
beneficio. Son de esas amistades en las que con el tiempo se termina
entendiendo que nunca lo fueron. Son de ley. Eso está bien, ya que uno se
considera un ciudadano que sin ser santo ni ha matado ni robado, y que con los
que anda son lo mismo que uno. Una especie de idiota útil. Ni siquiera eso.
Aúllan peor que los perros salvajes, y pareciera que solo quisieran saciar sus
apetitos terrenales. Aparentan lo que no son.
Claro que todos les creen el cuento de que uno es un enfermo mental...¿Les gusta este relato? Sí les interesa, de clic abajo, en el que le resulte más cómodo y cercano para sus gustos.
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