Crónicas policíacas. (Apartes del libro2.)

Alguien me quiere matar

Aunque Ud. no lo crea, alguien me quiere matar. Tal vez no lo entienda, pero esta es una de las que llaman historias sin fin. Han sido siempre así. Se trata de pasiones bajas en las que intervienen personajes que uno no cree. Haga de cuenta que son personas comunes y corrientes con las que trata diariamente. Las ve cuando va a comprar el mercado en cualquier abasto, en las cafeterías a donde va a tomarse un tinto, o en cualquiera de los negocios del sector a donde vive. Los ve ejerciendo su oficio como vendedores de loterías, acomodadores en los supermercados, e incluso familiares en las que uno no intuye una venganza de familia ni una envidia porque no se tiene la misma suerte por una casa, por el dinero de una posible herencia, o porque simplemente se consideran con el poder suficiente para sacarlo de este mundo. Son personajes extraños, y a veces creo que aviesos. Eso pienso. Pero sucede, que uno está juzgado como un loco. Un esquizofrénico, un pervertido, o lo peor de la especie humana. Que, de paso se hayan tenido amigos desde joven que por tener hermanos siquiatras, además de ser hijos de buena alcurnia, muy sobresalientes en la sociedad, que conocen todo sobre las nimiedades del origen de la vida de uno, y quienes con la apariencia de tener ese don de buenas gentes, van creando y tejiendo toda una serie de conjeturas en las que uno termina siendo el peor de los canallas. Todos les creen. Y qué decir, si estos son secretos de Ley, tal y como lo afirmó el comisario Rincón en una de sus pláticas con “El Embrujado”. Uno piensa que son de los sobresalientes que todo mundo admira, cuando en realidad son los bribones que andan detrás de algún beneficio. Son de esas amistades en las que con el tiempo se termina entendiendo que nunca lo fueron. Son de ley. Eso está bien, ya que uno se considera un ciudadano que sin ser santo ni ha matado ni robado, y que con los que anda son lo mismo que uno. Una especie de idiota útil. Ni siquiera eso. Aúllan peor que los perros salvajes, y pareciera que solo quisieran saciar sus apetitos terrenales. Aparentan lo que no son.

 Claro que todos les creen el cuento de que uno es un enfermo mental...¿Les gusta este relato? Sí les interesa, de clic abajo, en el que le resulte más cómodo y cercano para sus gustos.

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