Al llegar a su ciudad natal muchos creyeron que se iban a ganar con él la lotería. Sus lenguas viperinas salieron por doquier, que en las plazas de mercados aullaban como lobos tras sus presas, e incluso loteros y vigilantes de los parches de carros lo hostigaban idéntico a como lo hicieron durante años de años en Bogotá, que incluso dentro de su paranoia impuesta podría demostrar que en Venezuela algo parecido le sucedió en Los Corsarios, en Catía la Mar, municipio Vargas, cuando la Guardia Naciobal hizo el papel burlón de un allanamiento, mientras los dueños de aquel condominio encabezados por el presidente de la junta de administración les dijo que estaban entrando a un predio privado. El teniente coronel que los dirigía le manifestó sin inmutarse que venía solamente a vivir en uno de esos apartamentos porque era el que dirigía las operaciones contra la droga en Maiquetía, justo en el primer día de trabajo del "Embrujado" en el país hermano. La persecución sicológica hasta allá había llegado.
Fue todo un festín durante más de medio año en el que los dueños de aquellos apartamentos se burlaban porque los agentes armaban sus comparsas por las noches en la piscina del condominio para que los que vivían protestaran ante "El Embrujado" que tenía que ir a decirles que a esas horas estaba prohibido el disfrute de la piscina.y que los amoríos que tenían con las muchachas que llevaban tenían que hacerlo donde no incomodara a nadie.
-¿O si no? dijo el comisario Rincón.
-Las provocaciones de siempre, dijo "Conciencia".
-Sabe, arguyó el comisario Rincón, que en un campero blanco en una noche muy temprana a la orilla del mar otros lo esperaron, y casi lo matan?
-Es cierto, dijo "Conciencia". Ud. puede rastrear ahora, lo que sucedió hace más de veinte años, y reafirmar lo sucedido con los dueños de los apartamentos de esa época.
-Si, dijo el comisario Rincón, es una prueba cierta, y valedera acerca de cómo aquellos buenos personajes quisieron amedrentar a "El Embrujado". Estaban reafirmando su sicosis. Es un trabajo que hicieron como si desde su país tuviera un enemigo oculto
En su ciudad natal algo parecido pasaba, y en que estos imaginarios lo mismo que en la diáspora de los judíos surgían de todos los lados los fantasmas de los complots, y luego desaparecían para que otros ocuparan su lugar debido a las persecuciones y ostracismos en que los tuvieron durante siglos en Europa.
-¡Ande rápido marica! Le gritó aquel chófer que llevaba niños colegiales a esas hora.
-¡Gran hijo...!Alcanzó a gritar "El Embrujado", debido a que sus varillas en la columna vertebral le impedían movilizarse normal.
El chófer seguramente lo conocía.En otras ocasiones había sucedido lo mismo en Bogotá y más de una provocación tuvo que aguantar porque sus amenazantes surgían como de la nada, y eran infernales esperando el momento para agredirlo a cuenta de los intelectuales de la muerte que les dolía que todavía anduviera y trabajara por esas calles.
-¿Cómo puede ser posible que un chófer que lleva niños, le grita a un peatón semejante canallada?
"Conciencia" ni se inmutaba. Por los lados del Salado, otros niños le gritaron como si el chófer los hubiera instigado el mismo día, y así muchas coincidencias que se daban, que lo hacían comprender que alguien había dado la orden de que lo acosaran de la misma manera cuando lo vieran. Y en otra ocasión en uno de estos mismos camperos manejado por una mujer, los niños lo abuchearon y le gritaron:
-¡Loco!
Si yo fuera padre de familia y me diera cuenta de esta situación, aquel chófer hubiera sido despedido por las directivas colegio. por el mal ejemplo que les daba a los escolares. "El Embrujado" cada que veía a uno de estos carros parecidos, le recordaban que en uno de ellos, otros le salieron a matarlo cuando subía por esa empinada y corta carretera hacia Catía la Mar.
Y que por esos milagros de la providencia, que podría decir un católico, un ecuatoriano que manejaba un jeep de transporte desde "Playa Verde" hasta "Playa Grande" lo salvaría, después que un delincuente energúmeno lo quiso matar, y le rompió la cara para que se cayera. Lo estaban esperando con otro y una mujer acostados a un lado de la carretera, cerca de aquel carro, que cuando lo vio a lo lejos por la carretera que de la costa del mar lo lleva a uno hasta "Playa Grande", le gritó:
-¡Hey! !Vení!
Cuando "El Embrujado los vio, intuyó que lo querían matar. Sin esperar a más, comenzó a correr sin dar tiempo a que se lo repitiera. El bravucón se levantó y trató de seguirlo por la mitad de la carretera hasta aporrearlo de un manotón como si sus brazos y su cuerpo fueran las de aquellos gladiadores que hemos visto en las películas. Quedó sonso, tanto que casi se cae, cuando el milagro llegó. El agresor tuvo que regresarse al ver que uno de los jeep -el último-.de los que transportan a los turistas y los pasajeros de Playa Verde hasta Catía La Mar, milagrosamente apareció en una hora no costumbrada.
Se salvó.
-Cónchale Colombia, subite, que te salvaste de milagro.
Ese campero siempre quedó rondando dentro de su pensamiento, pues se parecía a uno de los muchos visitantes que iba a armar la bronca en los Corsarios, y al de aquel que le acababa de gritar porquerías casi al frente de la casa donde vivía.
![]() |
![]() |




Comentarios