Persecución mortal*

1.

Bogotá, 8 de noviembre de 1.993

 

Claudia:

La muerte llega de muchas maneras. Llega cuando menos se espera, o después de aguardarla aparece de súbito. Y todo se convierte en lágrimas, dolor y evocación. Lo real ya no lo es. Así como llega pasa, y solo queda la intangibilidad de los recuerdos que pueden ser más bien sueños vividos. Nunca puede uno pensar que a una persona con la que hemos compartido muchas vivencias le ha llegado su hora debido al azar de un destino, y…

- ¡Zas!

 

Se va para siempre, para nunca más volver a disfrutar con nosotros las muchas aventuras de esta vida. Entonces todos los amigos comentaremos lo que vivimos en común, y así recordaremos sus cosas buenas, y añoraremos que no esté disfrutando con nosotros esta vida. Y sin embargo, llega por sorpresa.

- ¿Revisaron bien? Preguntó el comisario.

- Todo, absolutamente todo, contestó Darío.

- Sargento, dijo Manuel.

- ¿Sí?

-Todo parece en orden, excepto esta especie de carta. No la terminó.

 

El comisario revisó la habitación cuidadosamente y constató que todo estaba bien, incluso el cadáver que quedó recostado sobre la silla, la botella de licor sin terminar sobre la mesa, el equipo de sonido encendido y con volumen bajo. Las cobijas de la cama estaban distendidas, el teléfono descolgado denotaba la intención de no recibir llamadas, y todo lo demás no despertaba ninguna sospecha, fuera de la que representaba el muerto que quedó con los ojos extraviados como si hubiera sido un susto el causante de su muerte.

 

- ¿Revisaron los poemas?

- Claro que si, dijo Darío. Por los pocos que alcancé a leer son poemas tristes.

- ¿No será más bien una decepción amorosa, la causante de esto? Dijo Manuel.

- ¿Qué hacía? ¿Averiguaron?

- Claro comisario, dijo Gutiérrez, esta muerte no parece gran cosa. Estaba alcoholizado desde hacía años y los vecinos dicen que daba mucha lora al vecindario desde que tuvo el accidente con un perro de un gendarme vecino.

- Explíquese, dijo el comisario Rincón.

- Hacía muchos escándalos con sus amigos.

- ¿Mujeres?

- A veces, dijo Darío.

 

El comisario levantó la sabana que lo cubría. A pesar de sus ojos extraviados, era un muerto más. Había que esperar la autopsia y todas las demás cosas de ley. Se dirigió a la otra alcoba y tras comprobar que sus hombres no habían encontrado más huellas que las del difunto, cogió el teléfono que estaba sobre una pequeña mesa de noche, y marcó un número.

- Aló, dijo.

- ¿Sí? ¿A la orden? Preguntaron al otro lado de la línea.

-Hágame el favor. ¿La señora Andrade?

-Si, como no. Respondió un joven.

 

Esperó un poco, mientras al fondo del auricular se escuchaban las voces de los artistas de un programa de televisión que se confundían con las risas de los presentes festejando el espectáculo, y supuso que no esperaban una noticia trágica, y mucho menos a esas horas.

- ¡Aló! ¿Con quién?

- ¿Con la señora Amanda Andrade? Siguió diciendo.

- Sí, con ella. ¿Con quién hablo?

- Mire señora: ¿Conoce a Raúl Andrade?

- Sí, claro. Como no, contestó extrañada.

- ¿Qué es Ud. de él? Volvió a preguntar.

- ¿Yo...? Su tía. ¿Algo le pasó?

- Si señora. La estoy llamando desde su casa. Está muy mal. Si puede, dígale a su madre que venga a verlo.

- ¿Qué pasó? Preguntó asustada. Yo soy la que vivo con él.

 

El comisario que estaba acostumbrado a estos menesteres sospechó que ella lo presentía, y entonces le dio la noticia:

-Está muerto, señora.

- ¡Por Dios! Gritó.

 

Pudo escuchar las voces de sus acompañantes que hacían lo mismo tras el auricular, quienes acudieron adonde la señora Andrade, tal vez trémulos porque no lo podían creer.

-Disculpe, señora, continuó diciendo el comisario Rincón. ¿Conoce a Claudia?

-Muerto, no. No puede ser. Gritaba ésta desde el otro lado de la línea telefónica.

-Perdone que le cuelgue, siguió diciendo. ¿Con quién hablo?

-Con Julio Rincón. Comisario de la policía.

 

Este guardó la carta dentro de uno de sus bolsillos del saco, y dejó que los demás compañeros se encargasen de lo que faltaba por hacer con el levantamiento legal del cadáver, confiado que en la oficina le tuvieran el reporte sobre el difunto, no sin antes dar un vistazo a las casas de los vecinos que las tenían en mejores condiciones, comparadas con las de la familia Andrade. Recorriendo el angosto trecho salió a la calle sin dar ninguna declaración a los curiosos.

 

- La muerte amigo -le dijo- a Mauro, su chófer, no llega sola.

- A él sí, contestó éste.

- No, que va, dijo el comisario, pensando en la carta. La soledad, la agonía, la locura, todo en una, parece que fueron los causantes de su muerte.

 

Presumía que algún susto tuvo que sufrir antes de morir, aunque sería difícil demostrarlo. En el momento que observó desde el patio de aquella vivienda, comprobó que los vecinos tenían un colgadero de ropas de esos que se dan en los apartamentos de Venezuela, que no ocupan espacio, y que estaba empotrado en la pared sobre la base de una pequeña ventana de la casa contigua de tres pisos, y que muy probablemente debió convertirse en una tortura sicológica con las gotas de la ropa goteando intermitentemente sobre las tejas de zinc, precisamente sobre la habitación donde se encontraba el difunto; además que  sabía que al fondo de aquella comunidad habitaban unos policías que tenían sus transmisores, y que por ser en los tiempos que se decía que los de  ley peligraban cuando querían instalar alguna estación de policial, posiblemente pudo oír las voces de lo que se comunicaban entre estos, dado que tenía un televisor de esos antiguos que captaban las frecuencias de la gendarmería. Además, sabía que cerca, donde funcionaba un garaje, el gobierno tenla proyectado construir una de las más importantes estaciones policiales del país.

 

- ¿Y la familia? Preguntó Mauro.

-Tendremos que esperarla, ya viene en camino.

 

2.

La familia Andrade de origen campesino, se vino a la ciudad en búsqueda de mejores oportunidades, a sabiendas que el esfuerzo y la codicia serían las primeras cosas con las que tenían que lidiar. Amanda era una de ellas. Estaba orgullosa porque, aunque no había salido de la miseria por lo menos tenía una casa y una pensión módica, luego de trabajar los mejores años de su vida con el gobierno. No tenía más ambiciones que las que cualquier mortal pudiera tener: "Vivir cómodamente".

 

Como de joven no tuvo hijos, sus sobrinos fueron el reemplazo de su amor maternal. Raúl Andrade fue el predilecto a quien terminó de criar con mucho cariño, después que su madre hubo muerto de una pulmonía. Desde el primer momento le entregó todo el amor que una mujer puede dar a su hijo, esperanzada en labrar un futuro mejor para el que le tocó a ella. Sin embargo, el amor que de niño tuvo con Claudia, lo afectaron después que esta abandonó esa relación sentimental en donde preveían que juntos convivirían de por vida. Lo afectó mucho. Incluso más que las infamias que otros tejieron alrededor suyo, ya que según le comentó el comisario Rincón a "El Embrujado" sus sueños no eran más que las quimeras que de jóvenes anhelamos, pero que al llegar a la madurez no son más que sueños irrealizables. Así que la revolución de las flores que muchos pregonaron, o el lema de pedir paz en vez de guerra, o amor a cambio de odio fueron dejados a un lado, ya que la desesperación ante el fracaso de su misma vida lo llevaron a esos mundos inescrutables en que la vida no valía nada, si no existía un futuro o un ideal por qué vivir. Solo la muerte tomó forma dentro de su entorno, ya que al sentirse abandonado por Claudia -el amor de su vida- le dijo a ésta:

-Quiero olvidarte para siempre porque tú representas lo más noble y querido que he tenido.

-No lo hagas por eso Raúl. Solo quiero que sigamos siendo amigos. Me duele mucho tu locura.

 

Sumido en la desesperación, el honor, la moral, la familia, no fueron nada para él. Lo único que importaba era la soledad. La muerte vino más tarde.

 

3.

Raúl Andrade resultó sin quererlo, la cabeza de todo un proceso de investigación por parte de la cúpula de los cuerpos secretos que creyeron que era un conspicuo contacto de la subversión y del delito del negocio de las drogas, porque dentro de su historial supuestamente conocían todas las actividades que de joven hizo en la política, además que en ese  proceso de descomposición social por los años de la gran crisis del país, conllevaron a que muchos de sus compañeros en desbandada acariciaran nuevos modelos de luchas sociales, generadas por formas de vidas diferentes. Las ideas altruistas cedieron ante la dinámica del enriquecimiento personal acorde a los nuevos modelos económicos de los grandes centros de poder. El billete a manos llenas producto de los dineros calientes, como se les dio en llamar a las ganancias del narcotráfico, fue el encargado para que muchos de los que estuvieron en esas luchas por unos ideales de libertad y de igualdad fueran reemplazados por las actividades delictivas, en contraste con otros que a pesar de los grandes cambios supieron defender su entereza ética, incluso a costa de sus vidas. Quedó como aquel personaje de Kafka en "El Proceso" en la que el Estado lo persigue y lo enreda en la maraña de sus leyes para convertirlo en un prisionero que no sabe el porqué de su situación. Su vivienda fue el centro de toda una actividad de inteligencia en la que expertos utilizaron todos los recursos de la guerra sicológica con el fin de descubrir todo lo ilícito que podría estar alrededor de éste.

 

- Pero creo -Le dijo Darío al comisario- fue más que una locura.

- Ellos estaban convencidos que el pobre diablo era un tipo importante.

- Diantre, dijo Manuel. ¿Acaso no serían que sus vecinos instigaron este tipo de trabajos contra éste?

- Puede que sí, contestó el comisario Rincón.

 

Hacía unos cuantos años que Raúl todavía estudiaba en la universidad por los años que comenzó a alejarse de sus amigos de grupos políticos de izquierda por otros de orientación diversa en los años que sufrió un arrollamiento de un carro fantasma que le fracturó una de sus piernas. No hacía mucho que había sido secuestrado por unos desconocidos que lo esperaron en la puerta de la entrada de aquel pasadizo de la casa infernal, y lo secuestraron y subieron a un carro antiguo como para hacerle creer que el Estado era el que lo perseguía. En esta ocasión le recordaron que unos cuantos años antes, cuando todavía estaba estudiando en el bachillerato con un amigo fueron detenidos en inmediaciones de Medellín por otros que aparentaban ser de la defensa Civil, y que les retuvieron los papeles de identidad para cuando terminara la reunión de estudiantes de secundaria a la cual iban a participar.

-Fue horrendo lo que le pasó, le dijo Amanda al comisario.

 

Con una de sus piernas fracturadas, y las otras cosas que le sucedieron en aquella casa comenzó la debacle de Raúl. Y el comisario Rincón le contó esta historia a "El Embrujado" como para que cayera en cuenta de lo que le podría pasar en un futuro, el día que regresase a su país.

 

- ¿Y nunca se supo el por qué? Le preguntó al comisario.

- No, que yo sepa.

Después en Bogotá vino todo el operativo montado para socavar sus nervios como medio para lograr los fines propuestos. En una primera ocasión para impresionarlo y hacerlo caer en cuenta de que estaba siendo perseguido por la ley, dos hombres de civil lo abordaron en la calle 11 con Caracas, muy cerca de la cacharrería de un amigo que frecuentaba, y aledaña a otros de su misma familia.

- Póngase contra la pared, le dijo uno de ellos, empujándolo contra una valla metálica que servía de lindero con un lote de engorde.

- Dónde trabaja, preguntó el otro.

- Allá, le respondió Raúl. En ese almacén que tiene el letrero amarillo.

 

Por esos días aquel amigo le había dado unas muestras de las mercancías que vendía para que le ayudara a vendérselas por la ciudad, a cuenta de una comisión.

 

Después de escucharlo fríamente y revisar su maleta de vendedor, le preguntó nuevamente:

- ¿Qué oficio ocupa, allí?

- Le vendo su mercancía al por mayor en los barrios con la clientela que tengo.

- Lo ve, dijo el que lo abordó. No es ladrón ni drogadicto.

- Pero sospechoso sí, respondió el otro.

- ¡No! Gritó éste. ¿Uds. qué  se traen conmigo?

- Ud. es un miserable, dijo el otro.

 

Desde ese día todos los clientes que visitaba fueron investigados copiosamente en la búsqueda de algún indicio que lo pudiera relacionar con algún delito. Uno a uno de sus pasos fue rastreado, y nada de lo que dijera o hiciera se les escapó a las autoridades que infructuosamente lo trataron de coger en las pisadas de lo ilícito.

- Según los vecinos, dijo Manuel, sus vecinos lo querían sacar a como fuera lugar.

- Si. Pero... Dijo el comisario Rincón.

Raúl que se sintió perseguido, lo comentó con los amigos que frecuentaba y con todo aquel que prestara atención a lo que decía, hasta que sus desvaríos aparentes se acumularon, que cualquiera podría pensar que estaba loco. El poco capital que tenía lo dilapidó en prostíbulos de mala muerte con amigos de dudosa reputación, mientras el delirium tremens se encargó de llevarlo a la tumba.

- Mire comisario -le dijo Amanda en la última entrevista que tuvieron- creo que a mi sobrino lo hizo morir esa muchacha loca.

- ¿Claudia?

- Si. Presiento que le dio un hechizo de amor.

- No puede ser, contestó incrédulo.

 

A Claudia precisamente le comentó antes de morir, el temor en que vivía porque sus vecinos no lo dejaban en paz ni para respirar. Estaba convencido que detrás de él se escondía una sombra siniestra, que frecuentemente le decía:

- Te tenemos miserable. Tu muerte es lo que queremos.

 

Temblaba, temblaba, que el licor ni los sedantes pudieron paliar el terror de la locura que debilitó su corazón.


El comisario Rincón, luego de observar el pequeño espacio del patio de la casa, y comprobar que seguramente sus vecinos usaron los recursos de la sicología que todo amedrentador usa, y que conocía de sus efectos en personas que no lo habían vivido, comprendió que era la casa de lo que buscaban los conjurados con esas parentelas por cuenta de un legado oculto de unos familiares acaudalados, y así termino por decir a Manuel:

-Parece que lo que hubo aquí, fue un asesinato perfecto.

 

El comisario Rincón, tendría que contarle muchas otras historias a "El Embrujado", para que por fin entendiera todo lo que podría pasar en su vida.

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