-Pluscuamperfectos, dijo otro.
-Así los hacemos, dijo “Ríos Revueltos”.
El comisario Rincón los entendía, y por éso había regresado. En Venezuela el tal Wilmer había aparecido con su mamá en una de esas noches fatigosas por el trabajo que tenía “El Embrujado”, y lo quiso hacer aparecer como un ladrón en medio de una invitación a un bonche de palos (festejo con cerveza) juuto con un colombiano de esos que negaban su nacionalidad, quienes decidieron sacarse unos bultos de cemento de una construcción de un edificio que el apátrida administraba. “El Embrujado” que se percató decidió alejarse e irse para el “Week End”, el condominio donde trabajaba, y así comenzó la historia retorcida que vivió en breve tiempo, cuando en una de esas discusiones con su mujer, y ya estando en Maiquetía en otra ocupación, se fue para la costa a desestresarse, precisamente a Playa Verde, la que queda cerca de Playa Grande adonde antes laboró.
En esas estaba cuando apareció Wilmer con otro amigo en un automóvil. Era hijo de un italiano que abandonó a su mamá, y que curiosamente a juntos les gustaba festejar entre los vericuetos de esas vidas atormentadas, por la falta de dinero y de unos contratos de jardinería que hacía de vez en cuando con el gobierno local del municipio Vargas para subsistir, y le dijo:
-¡Hey Colombia! Espéreme, que ya vengo.
Al atardecer los bañistas de Playa Verde la fueron abandonando, mientras “El Embrujado” se extasiaba con aquella visión en que el sol rojizo se fue escondiendo en la lejanía por aquel mar que lo iba ocultando entre esa linea donde el circulo de la tierra se podía ver entre las olas majestuosas, y que el viento acariciaba entre el calor de aquel bello paisaje.
-¡Hey! Colombia espérame.
Así se lo volvió a decir más tarde y nuevamente el tal Wilmer, y que según las últimas noticias ahora vive en las islas Margaritas.
-Espérame, se lo dijo varias veces; como si el tiempo y la hora no importaran, con el cuento de que estaban tras un negocio que no le quiso decir.
Así se apareció repitiendo lo mismo varias veces en ese bañadero a donde “El Embrujado” parecía estar esperando la muerte sin saberlo, (Seguir leyendo).
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